Cuatro décadas después cuenta en un libro que fue violado más de 200 veces por un cura

Daniel Pittet padeció los abusos entre los nueve y los trece años y publicó su historia en un libro que cuenta con un prólogo del papa Francisco. El violador no fue condenado por la justicia eclesiástica.

El silencio y la soledad de un convento en Suiza fue el escenario en el que Daniel Pittet fue violado más de doscientos veces por el sacerdote Joël Allaz, en un averno que empezó en mil novecientos sesenta y ocho, cuando tenía nueve años, y se extendió hasta mil novecientos setenta y dos. 2 décadas tardó en denunciar los abusos, mas se encaró a la protección que la Iglesia le ofreció al acusado.

Ahora, hizo pública su historia en el libro ‘Mon Père, je vous pardonne’ (‘Padre, lo perdono’), cuyo prólogo fue escrito por el papa Francisco. “Para una víctima de violación, es realmente difícil charlar”, afirmó Pittet, exmonje que decidió casarse y tuvo 6 hijos, al unísono que añadió que a lo largo de su infancia debió encarar unas “doscientos violaciones” por la parte de Allaz, quien habría abusado de “más de cien” víctimas, reseñó AFP.

Unos veinte años tras las violaciones y tras superar situaciones de depresión y otras enfermedades, Pittet se animó a denunciar al pederasta frente a la justicia eclesiástica, que solo decidió trasladar a Allaz a una diócesis en Grenoble, Francia. Allá se sostuvo hasta el dos mil tres, cuando nuevas sospechas forzaron a mandarlo a la fraternidad de los capuchinos en Bron, cerca de la urbe de Lyon, donde dirigía un “servicio administrativo sin ministerio”.

Nuevos casos

En el dos mil ocho ya eran veinticuatro los hechos conocidos de abuso sexual por la parte del religioso, cometidos entre mil novecientos cincuenta y ocho y mil novecientos noventa y cinco en Suiza y Francia, con lo que la Policía decidió comenzar una investigación que derivó en un juicio que condenó a Allaz, en el último mes del año del dos mil once, a un par de años de cárcel en suspenso.

Pittet fue reconocido como una de sus víctimas. Sin embargo, la justicia eclesiástica jamás avanzó con la causa y cerró una investigación abierta en el dos mil dos por “falta de pruebas”.

El rencuentro

En el mes de noviembre del año pasado la víctima y su violador volvieron a encontrarse. “No charlamos de pedofilia. No me solicitó perdón, mas ya lo había hecho en una carta”, comentó Pittet, quien aseguró que Allaz “jamás debió haber sido cura”.

Por su lado, el religioso, ahora de setenta y seis años, reconoció haber sido “ese pederasta monstruoso que dejó una serie de víctimas”, si bien añadió que ya no tiene “ese género de impulso”. Sin embargo, Pittet concluye: “Un pederasta lo prosigue siendo su vida”.